sábado, julio 27, 2019

Autodesafío: Definición de Vida.

Ideas preliminares:

Respecto del marco o ámbito de una definición, sobre todo si el objeto de análisis es muy complejo, como es este caso, ésta puede ser coloquial o más formal, y además puede ser más simplista o más elaborada. Si optamos por una formal y elaborada, podemos además distinguir cuánto de estricta queremos que sea. Podemos elaborarla muy estricta en el sentido de distinguir bien qué parte de nuestra definición responde a lo generalmente aceptado como razonablemente seguro, y cual parte queda en lo más o menos especulativo o teórico.

Incluso más, podemos llegar a ser tan estrictos que pretendamos separar aquello que incorpora sin restricciones el componente humano de apreciación de un fenómeno, de todo lo otro, o sea, aquello a lo que le suponemos existencia sin que haya necesariamente algún humano involucrado en su apreciación.

Un ejemplo potente de esto último podría ser la existencia del universo, incluídas las galaxias, con sus estrellas y planetas, respecto de lo cual resulta muy difícil, (porque nunca digas nunca), pensar que su existencia pudiera depender a su vez de la existencia de un humano capaz de percibirlas, pensarlas, y analizarlas. (Tema repetidamente invocado por importantes filósofos).

El párrafo precedente pretende situarnos en una posición de humildad, que me parece totalmente necesaria, si queremos tratar temas tan trascendentes como el de la vida, sus posibles orígenes, sus características, sus potencialidades, y sus intenciones (si las hubiera), el cual es un punto de especial importancia. Un signo de falta de humildad, del cual es difícil abstraerse, consiste en pretender lograr una definición total y última, así como  también pretender establecer límites rígidos en cuanto a cualquier característica propuesta.

Me gustan las definiciones flexibles, sujetas a cambio (a evolución, qué palabra más sugerente), y que traten en la medida del máximo posible, de focalizarse de un modo que resulten independientes de contaminación con las emociones o cualquier otro modo de participación directa del ente que se está ocupando de elaborar la definición.

Expondré un primer intento de caracterización de vida, (en este camino hacia una definición), partiendo del hecho de que todos intuímos en forma más o menos homogénea lo que entendemos por vida, en cuanto a ciertas características básicas imprescindibles, así que lancémonos al agua con un primer y larvario intento de definición:

Vida es aquello que caracteriza a entes materiales muy complejos en cuanto a su estructura y funcionalidad, que incluye la capacidad de conducir y controlar procesos energéticos que les permiten modificar su conformación estructural, que tienen capacidad autoreplicante, mayor o menor capacidad de adaptación dinámica al medio en que existen, y cuya presencia produce efectos de distinto orden y magnitud en ese medio, donde permanecen más o menos estáticos o son capaces de desplazarse de un lugar a otro. Tienen además como característica muy relevante una altísima capacidad y necesidad de interacción, al punto de la interdependencia, directa e indirecta, de unos con otros y con el medio, cualquiera sea su nivel de elaboración o complejidad.

De estos entes materiales hasta el momento sólo conocemos los que nos acompañan en nuestro planeta Tierra, pero es muy posible que existan también otros en otros lugares, aunque esto no lo hemos comprobado hasta el momento.

Dado que cumplimos con las características antes detalladas, los humanos nos consideramos parte de estos entes que tienen vida, y nos asumimos todos como seres vivos.

Existen  en la Tierra distintos tipos de estos entes que llamamos vivos, con distintos niveles de complejidad, siendo una característica destacable el hecho de que a mayor complejidad y capacidad de adaptación dinámica, estos seres son capaces de interactuar con el medio con progresivos niveles de eficiencia y eficacia, y desarrollan sistemas muy elaborados que incluyen  protocolos también progresivos de interacción adaptativa con el medio, y con los otros seres vivos, de proyecciones ilimitadas.

Hablamos de proyecciones porque presuponemos que la vida es un fenómeno progresivo que comienza con la aparición de seres que inicialmente tienen características muy simples y básicas, y que con el paso del tiempo en innumerables eventos de replicación, van adquiriendo más elaboración y complejidad, en un proceso que llamamos evolución.

Tampoco sabemos con exactitud cómo ocurre este proceso evolutivo, aunque tenemos teorías al respecto, unas más aceptadas que otras, siendo estas interrogantes campo abierto de progreso en cuanto a su conocimiento.


No sabemos el origen de la vida en la Tierra, aunque sí sabemos que los seres vivos que conocemos están estructuralmente constituídos por determinados elementos, los cuales son algunos, y sólo algunos, de todos los elementos que existen en el universo.

Sabemos que las formas de vida que conocemos requieren de la presencia de una (y/o más) gran fuente energética (nuestro sol), de agua (que consiste en moléculas constituídas por 2 de los elementos antes mencionados), y condiciones límites de temperatura, y protección de una excesiva exposición a determinadas frecuencias e intensidades de ondas electromagnéticas, entre otras posibles manifestaciones de la materia y la energía.


Muchos creemos que la aparición de vida, aún desconociendo su origen, es inevitable cuando las condiciones antes descritas se cumplen, pero siempre aparece la duda de si ello es sólo casualidad, o si hay algún grado de causalidad, menor o mayor.

(Esta última disquisición es de gran trascendencia, y por algún motivo genera gran inquietud entre muchos de quienes se preocupan de estos temas, llegando a su expresión más dramática cuando se oponen los conceptos de quienes se consideran evolucionistas versus los creacionistas, junto con interpretaciones intermedias que integran parcialidades de estas 2 posiciones).

No siendo posible abstraernos totalmente de la necesidad de avanzar en una definición de vida que incorpore en alguna medida la perspectiva humana de su análisis, quiero completar estas ideas preliminares con la siguiente reflexión:

Quienes sabemos que podemos preocuparnos de analizar el fenómeno de la vida somos los humanos.

No hay evidencia de que otros seres vivos o no vivos puedan desarrollar esta preocupación en estos términos humanos o en otros, por lo que sin poder negar de plano su existencia, asumimos que somos los humanos los únicos (hasta el momento) capaces de avanzar en esta comprensión.

Por qué lo hacemos, y qué característica (por ahora única entre los seres vivos que conocemos) nos permite hacerlo?

Los humanos hemos desarrollado el cerebro más elaborado de entre los seres vivos más complejos que conocemos, que son los mamíferos. Compartimos con ellos una enormidad de características, entre ellas gran parte del ADN, siendo los chimpancés quienes más se nos acercan, con cerca de un 99% igual en la secuencia de bases nitrogenadas.

Pese a ello, nuestro cerebro tiene una enormidad de mayor capacidad, complejidad y elaboración, que ese 1% de diferencia de la secuencia genética con los chimpancés, y con cualquier otro animal, por lo que es evidente que en este tema aún es mucho lo que no sabemos, incluída la necesidad de considerar que la secuencia de bases nitrogenadas pudiera no ser el único factor de potencialidad de    desarrollo, y especialmente de inteligencia, que a su vez es la expresión más elevada de nuestra capacidad mental (mucho mayor que la de otros animales), y de nuestra conciencia y autoconciencia.

Pero entre lo que sí sabemos, está el hecho de que nuestro cerebro nos permite realizar una representación enormemente elaborada del mundo en que existimos, al punto que nos permite no sólo plantearnos las interrogantes antes descritas, como es la definición de la vida, sino que además nos permite modificar radicalmente nuestro habitat, (para bien y para mal), y además querer ser capaces de viajar fuera de nuestro planeta, hacia otros mundos, ojalá más novedosos, por lejanos que puedan estar situados, y donde podrían, ojalá, existir otras formas de vida, parecidas o no a nosotros.






Este conjunto de ideas acá expuestas ha surgido de una interacción en Twitter, a propósito de una definición de vida allí aludida que me pareció insuficiente (y que califiqué de pobre).
Constituye sólo una primera aproximación de mi parte a este tema, y se complementa con mi particular visión del mundo, la cual está disponible, entre otros sitios, en www.conductahumana.cl  , y en animalopersona.blogspot.com/2014 , en 15 capítulos.

Espero poder seguir desarrollando este fascinante tema en futuros artículos.

Jorge Lizama León,
Santiago, julio, 2019.

lunes, febrero 25, 2019

Dioses y Demonios.


Hemos dicho que el cerebro humano funciona como una máquina de realidad virtual, y que es un representador del mundo y un constructor de conceptos y realidades.  (www.conductahumana.cl capítulo 15, también en animalopersona.blogspot.com/2014 capítulo 15)

Muchas de las herramientas conceptuales que utilizamos para comunicarnos son en realidad constructos humanos, esto es, que no tienen existencia por sí mismos, y que nunca "existirían", ni siquiera en el mundo inmaterial, si alguien no los hubiera "inventado" o "creado".

De acuerdo a nuestra teoría de la conducta humana, cada persona tiene su propia visión del mundo, y esta visión parte por (o sea se basa en) el filtro afectivo y valórico que nos impone nuestro cerebro primario, sobre el cual tenemos poca capacidad de intervención.

Al mismo tiempo, tenemos poca conciencia de que el curso de nuestros pensamientos está en todo momento influenciado y modulado por este cerebro primario, al punto que funcionamos con la ilusión de que lo que pensamos y decidimos es en todo momento fruto de nuestro libre albedrío.

Hasta la época del renacimiento no hubo capacidad práctica (y si trató de asomar fue subyugada, anulada y/o eliminada) de reconocer la participación humana en la creación de estos constructos, al punto que aún hoy, para muchas personas no es importante (o conveniente) que se entienda que muchos de los elementos de la "realidad" son producto de nuestro cerebro humano y no tienen existencia previa a él.

Estos constructos se han concebido en las más diversas formas de interpretación del mundo, algunos con enorme éxito y presencia transversal en la gran mayoría de las sociedades, otros algo menos masivamente adoptados, y una gran enormidad que se disfrazan de no ser en absoluto constructos, y para mucha gente tienen la cualidad de ser "realmente" reales, o sea, tendrían la capacidad de existir por sí mismos, aún cuando no haya ningún humano que los piense y se refiera a ellos.

Estos constructos que no parecen constructos, son motivo de incesantes, apasionadas y eternas discusiones en las cuales no se arriba nunca o casi nunca a acuerdos o mínimos consensos, precisamente porque cada quien que plantea una posición está defendiendo SU propia idea de ese constructo, diferente de la de su interlocutor. O sea, no se pueden poner de acuerdo, entre otros motivos, porque si bien usan la misma palabra, en realidad no están hablando de lo mismo.

En la tradición cultural de la antiguedad aparecieron los dioses y demonios, como una forma de explicación para lo inexplicable (tormentas con rayos y truenos, inundaciones y sequías, guerras y pestes, etc), y la gran mayoría de la gente creía que todos estos dioses y/o demonios, tenían existencia material.
Incluso, en la mitología griega, se les asignaba una ubicación concreta, el monte Olimpo, desde donde regían los destinos del hombre (y la mujer), y desde donde podían trasladarse al territorio humano para tener con hombres y mujeres un contacto más cercano, debidamente transmutados en figuras de animales u otros elementos, para que no se descubriera su condición divina.

La cultura moderna en que nos ha tocado vivir ha ido limitando la cantidad de dioses y demonios, y en la práctica los ha reducido a dos o incluso a uno, que como moneda de dos caras tiene un lado bueno que nos favorece y otro que nos castiga.

Los humanos de hoy nos dividimos respecto de este tema, yo diría, en tres grupos fundamentales, sujetos a variaciones interpretativas, y estos son:

1. quienes no creen en absoluto que los dioses y/o demonios existan,
2. quienes creen que tienen existencia por sí mismos, (dentro de quienes se cuentan quienes piensan que Dios no sólo existe, sino que es el creador del universo, la tierra, la naturaleza, las plantas, los animales  y los seres humanos),
3. el de los que tenemos dudas.

La gracia de los constructos humanos es que se caracterizan por tener grados variables de impermeabilidad al escrutinio "científico". Esto es, que no es fácil de demostrar ni su existencia ni su inexistencia, habiendo algunos constructos tan bien "creados", que la mayoría de los humanos dan por seguro que existen por sí mismos.

Citaré como ejemplos a varios, con la esperanza de que quienes lean este texto y se interesen en estos temas (que somos la inmensa minoría), puedan plantearse su análisis y discusión, aunque sólo sea al interior de su propia mente.

1. El bien y el mal. (Estas son entidades que para muchas personas existen por sí mismas, o sea, son anteriores al hombre).
2. Las personas buenas y las personas malas. (personas fundamentalmente influenciadas por el bien o por el mal).
3. Las leyes de la física.
4. Los genes.
5. La inteligencia.
6. La realidad.
7. El yo. (the self).

Estos ejemplos tienen distinto grado de impermeabilidad al escrutinio, y me parece que incluso esta característica varía en función de quien los analice, y de qué herramientas conceptuales y experiencia disponga, para llegar a conclusiones que pueden ser bastante diferentes de una persona a otra.

Como no pretendo tener respuestas definitivas para estos temas que me apasionan, los dejo aquí planteados, con la esperanza y el deseo de volver sobre ellos (y muchos otros), para su análisis y discusión al alero del avance de la investigación científica en las diversas y hermosas áreas que integran la neurociencia.

Jorge Lizama León.



Santiago, Febrero, 2019

 

domingo, diciembre 17, 2017

Un comentario sobre el libro "The Brain Defense", de Kevin Davis.



En este libro el periodista Kevin Davis realiza una investigación muy acuciosa que cuestiona varios de los presupuestos tradicionales sobre el libre albedrío y las responsabilidades legales que han imperado en los criterios que se usan en las cortes de justicia para determinar la culpabilidad y especialmente el justo castigo o pena (o eventualmente terapia o rehabilitación), que los acusados en que se encuentra daño orgánico cerebral, realmente merecen.

Todo ello en vista de un nuevo factor que asoma cada vez con más frecuencia en los juicios: el uso de datos neurocientíficos.

El comportamiento humano es el tema al cual he dedicado mi especial interés durante los últimos años, y por tanto rápidamente pude constatar la importancia de estar al tanto de los contenidos de este libro.

Con el avance de la tecnología disponible para estudiar el cerebro viviente, como son las imágenes funcionales de resonancia magnética (fMRI) y el barrido de positrones (PET scan), entre otros, nos encontramos al principio de una era en que se logrará, algún día, observar con todo detalle lo que está ocurriendo en un cerebro determinado, y si éste está sano (o "normal"), o patológico ("enfermo o anormal"), y si ésta distinción alcanza a constituir excusa legal total o parcial respecto de una determinada conducta.

Aún estamos bastante lejos de tener una capacidad de análisis cerebral funcional con gran detalle y precisión, y esto se ha demostrado así en las cortes de justicia, tal como Davis nos relata en su libro, donde numerosos expertos han destacado las limitaciones de la información disponible, por lo que no es posible aún explicar en base a ella el comportamiento específico de un acusado individual. Por el contrario, se ha llegado a instancias de abuso de esta tecnolología, pretendiendo usar argumentos neurocientíficos en el máximo número posible de casos, más allá de lo atingente que ello parezca.

No obstante lo anterior, la importancia del estudio cerebral no puede ser ignorada, pues se irá recurriendo a él cada vez más, y no sólo restringido al ambiente judicial.

Hasta ahora, el declarar a un acusado inimputable por razones de una alteración mental severa ha estado tradicionalmente restringido al ámbito siquiátrico, y sólo durante los últimos años se ha recurrido a la herramienta de presentar estudios orgánicos cerebrales para tratar de explicar una conducta criminal. Tal como ya he señalado, hasta ahora su incidencia en modificar resultados judiciales ha sido modesta, pero éste es sólo el principio.

En este libro, Kevin Davis realiza un análisis detallado del caso de Herbert Weinstein, un hombre ya mayor que en un arranque de furia durante una discusión, da muerte a su esposa. Ello sin haber tenido nunca antes una conducta violenta o agresiva con su familia, sino todo lo contrario. En estudios realizados a este imputado durante su juicio, se le descubre la existencia de un quiste enorme en el lóbulo frontal de su cerebro, lo cual podría haber tenido alguna participación en su capacidad de autocontrol, explicando hasta cierto punto su violenta reacción.

Aparte de este caso, el autor nos muestra todo un conjunto de evidencia creciente que está apareciendo referida a la Encefalopatía Traumática Crónica, una condición que afecta a quienes han sufrido repetidos golpes en el encéfalo, como es el caso de boxeadores y jugadores de fútbol americano. Esta condición ha sido analizada en vivo, y especialmente en estudios post mortem, pudiendo establecerse la existencia de un severo daño cerebral. Jugadores famosos que han incurrido en conductas violentas que los han hecho comparecer ante los tribunales, han mostrado importante daño cerebral que podría ser causal de un cambio drástico de su conducta.

Este libro de Kevin Davis es una contribución fundamental que nos permitirá tener presente este trascendente tema: la importancia de una disfunción cerebral orgánica como causa, o al menos como participante en provocar conductas violentas, y pone un signo de interrogación sobre el libre albedrío absoluto y la responsabilidad que puedan tener los imputados.

Mi interés en llegar a conocer a cabalidad los verdaderos determinantes de la conducta humana, respecto de lo cual he escrito ya varios capítulos y artículos, en español e inglés, y que pueden ser seguidos desde este blog, va por cierto más allá de lo que concierne al ámbito estrictamente judicial, pero sin duda el aporte de este autor con "The Brain Defense" es de suma relevancia, por todas sus implicancias, tanto presentes como futuras.

Felicitaciones a Kevin Davis por su trabajo!


Jorge Lizama León

Santiago, diciembre 2017







sábado, mayo 31, 2014

Reseña del libro "Biología de la Homosexualidad" de Jacques Balthazart.

Durante las últimas semanas he estado revisando este libro, en el que el autor da cuenta de una serie de relaciones que existirían entre los procesos de desarrollo embrionario, fetal y post natal cercano, y los diferentes resultados en cuanto a identidad y orientación sexual. Realiza una comparación entre los estudios en condiciones controladas en animales de laboratorio, y su extrapolación, (hasta donde es posible) respecto de lo que ocurre en humanos. Aún con estas limitantes, esta publicación constituye un aporte muy importante en el tema de los orígenes de las tendencias sexuales, y se agrega al cúmulo de evidencia creciente respecto de que tanto la orientación sexual como la identidad de género, dependen mucho más de factores biológicos que socio-ambientales y biográficos.

martes, julio 16, 2013

Mistika del Mal. Reflexiones iniciales sobre estas muy interesantes Memorias.

Por medio de twitter, excelente herramienta para encontrar publicaciones sobre temas de interés, me he encontrado con las memorias de Mistika del Mal, seudónimo de una mujer que desea mantener oculta su identidad, dadas las fuertes revelaciones personales contenidas en esta obra, así como por las punzantes y agresivas declaraciones que realiza a través de esta red social.
Me ha sorprendido gratamente la profundidad del análisis que esta autora es capaz de hacer, en base a reflexiones que tienen tanto sustento racional como intuitivo, en una mezcla muy rica y aportadora.
Hace una crítica muy profunda a la sociedad chilena conservadora actual, al mismo tiempo que plantea interrogantes muy agudas sobre la interpretación de las tendencias sexuales y religiosas de las personas, entre otras. Nos explica la forma de vida que ha debido mantener, mostrando una imagen "de exportación" en su vida laboral, y la imposibilidad de exponer con transparencia y sinceridad cual es su verdadero ser y sentir, lo cual es probablemente, en mayor o menor grado, la realidad de todos nosotros los humanos, pero que en el caso de Mistika llega a elevados niveles de elaboración.
Aún no termino esta lectura, pero respecto de lo que he leído, debo decir que valoro intensamente las ideas expresadas, y recomiendo a todos encarecidamente su lectura. Pueden acceder a ellas través de la página http://mistikadelmal.net/Inicio.html

Jorge Lizama León
Julio 2013.

sábado, mayo 28, 2011

Artículo Relacionado: Droga que Limita los "Malos Recuerdos".

Científicos prueban sustancia para eliminar los malos recuerdos.

El uso de metirapona logró que las personas recordaran menos del componente emocional negativo de una historia. Esta investigación podría ayudar a tratar el estrés postraumático que no se resuelve a través de psicoterapia.

por Reuters - 27/05/2011 - 15:42

Una investigación de la Universidad de Montreal y publicada en el Journal of Clinical Endocrinology & Metabolism señala que el bloqueo de una hormona implicada en la respuesta corporal al estrés podría cambiar la forma en que la gente guarda los recuerdos negativos.

La sustancia llamada metirapona, bloquea la hormona del estrés cortisol y ha sido usada para tratar a personas que tienen enfermedades relacionadas con la producción de dicha hormona.

El cortisol también participa en el almacenamiento y la recuperación de recuerdos, lo que hace preguntarse a los investigadores si ajustar estos niveles podría cambiar la forma en que la gente recuerda acontecimientos pasados.

"Sabemos que (el cortisol) es importante para la memoria", dijo Marie-France Marin, directora del estudio en la Universidad de Montreal. Pero "unos niveles muy altos son malos para la memoria, y unos muy bajos son malos para la memoria", dijo a Reuters Health.

EL ESTUDIO
Los voluntarios, 33 hombres jóvenes, vieron una serie de diapositivas narradas que mostraban imágenes "neutrales" y "emocionalmente negativas" de una joven gravemente herida que está en casa de sus abuelos. Las escenas mostraban mucha sangre y un viaje a la sala de operaciones, aunque al final los participantes sabían que se pondría bien.

Tres días después de ver estas imágenes, los investigadores dieron a los hombres una dosis única de 750 miligramos de metirapona, una dosis doble y un placebo. Luego les pidieron que recordaran tanta información como les fuera posible de la historia.

Cuatro días después de esto, se reunieron de nuevo con los participantes y, sin darles ninguna medicación, les pidieron que recordaran de nuevo la historia.

No hubo diferencia en los recuerdos de quienes tomaron una dosis única y de quienes tomaron placebo. Pero en ambas ocasiones, quienes tomaron una dosis doble recordaron menos del componente emocional negativo.

"El hecho de que los efectos de la metirapona aún fueran evidentes cuatro días después, eso es bastante significativo", dijo Tony Buchanan, que estudia estrés y memoria en la Universidad de Saint Louis, a Reuters Health.

Los dos grupos que tomaron metirapona recordaron la información "neutral", igual que el grupo de placebo.

TRATAMIENTO PARA EL ESTRÉS POSTRAUMÁTICO

Marin y sus colegas creen que una vez que se pidió a los participantes que recordaran la historia, quienes habían tomado la dosis alta realmacenaron ese recuerdo de una forma diferente y menos emocional, probablemente porque los niveles de cortisol eran menores en ese momento.

Lo que más les sorprendió es que la memoria permanecía invariable cuando los niveles hormonales volvían a la normalidad, y dijo que su equipo no estaba seguro de por qué sólo afectaba a los recuerdos negativos.

Esta investigación podría ayudar a tratar el estrés postraumático que no se resuelve a través de psicoterapia.

Sin embargo, aún se necesitan más investigaciones para ver si las mujeres responderían de la misma forma que los hombres, o estudiar otras sustancias que podrían tener el mismo efecto. "Tenemos que ver si los recuerdos autobiográficos responden a la metirapona de la misma forma", dijo Marin.

sábado, mayo 21, 2011

Artículo Relacionado: Como Interferir el Dolor.

BBC: Cómo engañar al cerebro para no sentir dolor.

Desde hace tiempo varios equipos científicos están investigando formas de confundir al cerebro.
por BBC Mundo - 21/05/2011 - 11:07

Si le duele una mano, cruce ambos brazos frente a usted para confundir al cerebro y aliviar el dolor, afirma una investigación.

Según los científicos de la Universidad de Londres (UCL) de esta forma el cerebro se ve engañado sobre el lugar donde ocurre el dolor.

Tal como señala el estudio, publicado en la revista Pain (Dolor), esto se debe a que al colocar la mano en el lado "equivocado" se interfiere con la percepción sensorial del dolor.

Desde hace tiempo varios equipos científicos están investigando formas de confundir al cerebro.

Los investigadores de la UCL llevaron a cabo un experimento con 20 personas.

Utilizaron un láser para generar dolor con un pinchazo de cuatro milisegundos en las manos de los participantes, sin tocarlos.

Cada persona clasificó la intensidad del dolor que sentía y al mismo tiempo se midieron las respuestas eléctricas del cerebro utilizando electroencefalografías (EEG).

Los resultados, tanto de los informes de los participantes como de las EEG, mostraron que la percepción del dolor era más débil cuando los brazos estaban cruzados sobre la "línea media" imaginaria que atraviesa verticalmente el centro de nuestro cuerpo.

INFORMACIÓN CONFLICTIVA

El doctor Giandomenico Iannetti, quien dirigió el estudio, afirma que la razón de este fenómeno es la información conflictiva entre dos de los mapas del cerebro: el que utiliza para nuestro cuerpo y el que usa para el espacio externo.

"En la vida diaria utilizamos por lo general la mano izquierda para tocar cosas del lado izquierdo en el espacio externo y la mano derecha para las cosas del espacio externo derecho" explica el científico.

"Por ejemplo, si tomamos un vaso de agua ubicado en nuestro lado derecho a menudo usamos la mano derecha".

"Estos dos mapas están acostumbrados a trabajar juntos para producir fuertes impulsos en respuesta a los estímulos. Cuando cruzamos nuestros brazos, los dos mapas resultan mal emparejados y se debilita el procesamiento de la información sensorial, lo que resulta en menos dolor", agrega.

Según el científico, el hallazgo podría conducir a nuevas terapias clínicas para tratar el dolor que exploten esta confusión del cerebro al representar al cuerpo.

Tal como señala el doctor Iannetti, "quizás la próxima vez que nos lesionemos, no sólo deberíamos frotar la herida sino también cruzar nuestros brazos".

Los investigadores están ahora probando esta teoría en pacientes que tienen trastornos de dolor crónico.

Un portavoz de la Fundación para Aliviar el Dolor en Reino Unido afirma que actualmente se están llevando a cabo muchas investigaciones para tratar de encontrar formas de confundir al cerebro interfiriendo con los mensajes de dolor.